Cada día la pequeña Elena llegaba
al colegio de la mano de su madre, quien, tras darle un beso y decirle que se
portase bien, la dejaba y se marchaba al trabajo. Elena casi no tenía amigos,
ya que la envidiosa Astrid se encargaba de que nadie le hablara. No podía
soportar que Elena fuera la más lista de la clase y por eso la llamaba
"bicho raro". Pero Elena no le hacía caso y la ignoraba. El problema
fue que, cuanto más la ignoraba, peor se ponían las cosas.
Llegó la primera evaluación y las
notas de Elena fueron excelentes; tanto, que recibió un premio de la profesora
de Matemáticas. Astrid, que lo había suspendido todo, se llenó de rabia.
Aprovechó el recreo para darle un empujón por detrás mientras Elena estaba
distraída. Al caer, la pobre Elena se hizo varios rasguños y el bocadillo que
le había preparado su abuela se llenó de tierra. Elena se levantó y se sacudió.
Al ver su rodilla ensangrentada, acudió a la profesora para que la curase. La
maestra se sorprendió al ver las heridas:
—¿Pero, Elena, ¿Cómo te has hecho
esto? —preguntó mientras la atendía.
—Ha sido jugando, iba corriendo y
tropecé —mintió Elena. Pensó que si decía la verdad, aquella niña le haría la
vida imposible.
Al salir de clase, su madre se
quedó de piedra al verla. Con rostro preocupado, le preguntó:
—¡Dios santo!, ¿Qué te ha pasado?
—Nada, mamá. Me he caído jugando,
iba corriendo y tropecé.
—¡Ay, hija, tienes que tener más
cuidado! Mira cómo te has puesto: las piernas magulladas y el vestido lleno de
tierra.
En ese momento pasó la jefa de la
madre de Elena, que era la madre de Astrid. Al ver la herida, preguntó qué
había ocurrido. Astrid miró fijamente a Elena con una mirada amenazante. Elena,
tragando saliva, volvió a fingir que no pasaba nada.
Al día siguiente, Astrid y dos
amigas esperaron a Elena a la entrada de la clase y le hicieron la zancadilla.
Elena cayó al suelo y las niñas empezaron a reírse, pero no se dieron cuenta de
que la profesora de Religión lo estaba viendo todo desde el aula de enfrente.
Llegó la hora de Religión y la
profesora escribió una frase en la pizarra: "¿Por qué me
golpeas?". Los alumnos se miraron unos a otros, sorprendidos. La
profesora les explicó la pasión de Jesús y leyó un fragmento del Evangelio de
San Juan: "Si he hablado mal, señálame el mal; pero si he hablado
bien, ¿por qué me golpeas?".
La maestra miró a toda la clase y
preguntó:
—¿Pegar a un compañero o compañera
de clase está bien o está mal?
—¡Está mal! —respondieron todos al
unísono.
En ese momento, llamó al frente a
Elena y a las niñas que se habían burlado de ella. Le pidió a Elena que les
hiciera la pregunta de la pizarra. Elena, asombrada, obedeció:
—¿Por qué me golpeas?
Aquella pregunta llenó de vergüenza
a las niñas, que se pusieron a llorar. Rosa y Clara confesaron que lo hacían
porque Astrid las obligaba. Astrid, avergonzada, admitió que solía empujarla,
tirarle de la coleta y tirarle el bocadillo sin saber muy bien por qué. Además,
confesó que había amenazado a los demás con que sus madres perderían el empleo
en la fábrica de sus padres si le hablaban a Elena.
Carmen, la profesora, se quedó
perpleja. Invitó a las niñas a pedir perdón y les dio una charla sobre el acoso
escolar. Luego, llevó a las tres alumnas a la dirección. La directora llamó a
sus padres y se acordó un castigo: un mes sin salir a jugar después de los
deberes, sin dibujos animados y sin golosinas. La madre de Astrid, además, le
advirtió que, si volvía a repetirse, no saldría a la calle en un año y la
obligó a pedir disculpas formalmente.
Al día siguiente, Astrid se acercó
a Elena y a su madre para pedir perdón. Elena temió que fuera una mentira, pero
en el recreo, Astrid se sentó a su lado. Compartieron el bocadillo y charlaron
un buen rato. Astrid le confesó que su madre le había explicado lo mucho que
sufren las personas acosadas, y le reveló que ella misma también lo había
sufrido de pequeña.
- Para ponerse en el lugar de Elena: ¿Cómo crees que se sentía Elena cuando iba al colegio y nadie le hablaba? ¿Por qué crees que mintió a su madre y a la profesora sobre sus heridas?
- Para entender a Astrid: Al final del cuento descubrimos por qué Astrid actuaba así. ¿Por qué crees que la madre de Astrid se tomó tan en serio lo que hizo su hija? ¿Qué aprendió Astrid al hablar con su madre?
- Sobre la valentía: En el cuento, la profesora de Religión usa una frase muy potente: ¿Por qué me golpeas? Si ves que alguien trata mal a un compañero en el colegio, ¿Qué crees que es lo correcto? ¿A quién deberías acudir?


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